27 abr. 2013

Mi fan fic de "Dando la nota". Parte 5



¿Qué tal? Aquí os dejo el siguiente capítulo de mi fic. ¡A leer y a comentar, eh! ¡Que me enfado! (nah, es broma) xD

-¡No, no, así no, alguien está cantando una nota por encima del resto! Quien sea, que espabile –dice Aubrey, al frente del grupo.

Ya han pasado treinta minutos, supongo que falta poco para irnos.

-¡Hemos terminado por hoy! –Dice Aubrey–. Mañana a la misma hora. Y no quiero vagas –dice, mirando directamente a Amy.

Salimos del auditorio, cuando veo a alguien en la puerta esperando.

-¿Jesse? –pregunto, extrañada.
-Sí, ése soy yo. ¿Qué tal el ensayo? Nosotros lo llevamos bastante bien.
-Ah, pues…
-¿Qué hace éste aquí? –pregunta Chloe.
-No lo sé.
-¿Qué pasa? ¿No puedo recoger a mi chica?
-¡¿Tú qué?! –exclamamos Chloe y yo a la vez.
-Jesse, no soy tu chica.
-Lo sé, era para ver cómo reaccionabas.
-No podéis salir por ahí los dos, somos de grupos contrarios, y tenemos una regla muy estricta sobre ello –dice Chloe con aire altivo.
-Vuestras reglas son estúpidas –responde él–. Beca, había pensado en ver una peli los dos, ya que te muestras tan escéptica sobre las películas. Creo que he encontrado una que puede gustarte entre mi inmensa colección.
-¿Es que no escuchas? Beca no puede ir contigo –Chloe se enfada y me toma del brazo, tirando de mí hacia ella y nos alejamos ante la atónita mirada de Jesse.
-Chloe, tampoco hacía falta ponerte así.
-¿Qué no? ¿No te tomas en serio nuestras reglas o qué?
-Sí.
-Entonces, dime… ¿habrías ido con él a ver esa película?
-Pues… no sé.
-Ajá.
-No, definitivamente no, no me gustan, ya le has oído.
-Pues entonces ¿por qué no le has dicho directamente que no?
-Me ha pillado de sorpresa, ni siquiera sabía que iba a venir. Pero me da pena que haya venido para nada.
-Es culpa suya el haber venido.
-¡Chicas, venid, que tenemos que hablar! –dice Aubrey haciéndonos un gesto.
-¿Qué pasa? –preguntamos.
-¿No os habéis olvidado de algo?
-¿De qué? –pregunta Chloe.
-Chloe, tú mejor que nadie deberías acordarte. ¿Qué pasa el viernes?
-¡La fiesta! –exclama, con los ojos muy abiertos–. ¡No puedo creer que lo haya olvidado!
-Exactamente. A ver –dice Aubrey, dirigiéndose a todas–. La fiesta de los grupos, de la que habréis oído hablar, es este viernes, a las nueve. Es obligatorio ir, aunque, ¿acaso es un sacrificio para alguna de vosotras?
-¡¿Una fiesta?! ¿Bromeas? ¡Claro que todas queremos ir, va a ser la bomba! -Exclama Amy, y las demás asentimos, sonriendo.
-Pues perfecto. Y ya sabéis, o por lo que veo, hay alguien que no, así que lo repito: nada de relacionarse con los chicos de los grupos rivales –me dirige una mirada de enfado.
-¡Que yo no le dije que viniera!
-Pues si ha venido, será que os conocéis. ¿No es ése el chico de la cafetería? –pregunta Chloe.
-Sí, el mismo. Yo no sabía que era del otro grupo al principio, le conocí en la emisora donde trabajo. En la cafetería, después de hablar de varias cosas sin importancia, ahora creo recordar que algo me dijo sobre que cantaba en un grupo…
-¡Ah, ahora te acuerdas! –Exclama Aubrey–. Pues dejando de lado tu malísima memoria, que espero que no influya a la hora de cantar, ya que te has dado cuenta es motivo de que dejes de hablar con él.
-¡Pero si trabajamos en el mismo lugar!
-Pues limítate a no quedar con él cuando te lo proponga –dice Chloe mosqueada.
-Vale, ya lo pillo. Tampoco es que le conociese tanto como para considerarle un amigo.
-Y obviamente él tampoco, él parece que quería ir más allá –dice Chloe más enfadada.
-¿A qué viene eso?
-¡Oh, por favor, como si no lo supieras! –dice ella, cruzándose de brazos y poniendo los ojos en blanco.
-Emm… chicas, creo que esto se va a poner muy feo  –dice Cynthia-Rose a las demás en bajo.
-Puede que haya notado que le gusto. ¿Y a ti qué más te da? –respondo, en un tono algo enfadado.
-¿Que qué me importa? ¡Pues sí me importa!
-¿Y por qué?
-¡Pues porque… porque no puedes hablarte con alguien de los otros grupos, ya lo hemos dejado bien claro Aubrey y yo! –dice, más enfadada.
-Chloe, creo que ya lo ha entendido –Aubrey pone una mano en el hombro de su amiga.
-¡No, yo creo que no!
-¿Y el chico con el que sales, ése no es de otro grupo?
-¿Qué? ¿Cómo…? ¿Cómo sabes que salgo con alguien? –responde, desconcertada.
-Os vi besándoos el otro día cuando estaba en el césped. ¿Y ése no cuenta? ¡A lo mejor a mí no me apetece tampoco que salgas con ése cabeza hueca!
-¡Él no es de ningún grupo a cappella!
-¡Me da igual! ¡Si tú puedes quedar con otra gente que no sea de nuestro grupo, yo también!
-No sé por qué me da que no están hablando del tema que pensamos –dice Cynthia-Rose a las demás, que están sorprendidas de lo rápido que nos hemos puesto a discutir.
-¡Pues queda con el friki cinéfilo ése! ¡Allá tú! –responde ella, más enfadada que nunca.
-¡Y tú con el musculitos descerebrado ése! ¡No sé ni qué coño le ves! –exclamo, y me callo al darme cuenta de lo último que he dicho –. Me voy –doy media vuelta y camino en dirección a mi cuarto. Hacía tanto que no tenía una pelea así con nadie… y ahora me peleo precisamente con ella. Pero no tenía derecho a decirme lo que puedo hacer o no con mi vida. Y tú tampoco a decirla que no te apetece que salga con su novio –dice una voz en mi cabeza. Niego con la cabeza para mí misma, y cuando llego a mi cuarto, no está Kimmy-Jin, mi insoportable compañera de cuarto. Me desplomo sobre la cama, hundo mi cabeza en la almohada y ahogo en ella un grito de rabia y de todo lo que llevo dentro. Ahora que todo iba tan bien, y se ha complicado por una estupidez.
No tengo ganas ni de mezclar. Ni de nada que no sea echarme la culpa por haberla dicho lo que la dije. Faltan dos días para el viernes, y no quiero ir a una fiesta en este plan. Pero de todas formas, ¿acaso me iba a hacer sentir mejor hacer la paces con ella, sabiendo que ella va a seguir saliendo con el tipo ése? No, porque no le va a dejar. Bah, no sé qué hacer.

Al rato llaman a la puerta.

-¿Quién es?
-Cynthia.
-Mmm… vale, pasa.
-¿Qué tal te encuentras? –se acerca donde estoy y se sienta a mi lado.
-¿Por qué iba a encontrarme mal? ¡Estoy perfectamente!
-Ya, claro. Mira guapa, que no nací ayer. Está claro que estabas mosqueada con ella porque ella sale con alguien, y ese alguien no eres tú. ¿O me equivoco?
–... –la miro sin saber qué decir.
-Lo que pensaba. Mira, lo mejor será que os disculpéis la una con la otra, porque no ha tenido más culpa ella que tú. Os habéis puesto a discutir las dos, tú la seguiste la corriente, y mira lo que ha pasado.
-¡Pero es que…!
-Shh… no, nada de peros. Coge el móvil y mándala un mensaje.
-¡Pero si no tengo su número!
-¿Ah no? Y el otro día cuando comimos todas juntas, ¿no nos dimos el número?
-¡Es verdad! No me acordaba –exclamo, no sé por qué, pero sonrío.
-Sois iguales las dos. ¡Qué memoria de pez, por favor! –hace un gesto negativo con la cabeza.
-Vale, pero… a ver qué le pongo.
-¿Qué tal esto? –Me coge el móvil y se pone a escribir. Después me muestra la pantalla:

“Holaaaa! Soy Beca. Mira, estoy muy arrepentida por lo de antes, siento haberte dicho esas cosas. Pero es que cuando te veo me pongo hecha una moto porque estás cañón. Entiende que me comporte así cuando estás cerca de mí, ya no puedo soportar estar más tiempo separada de ti. ¡Cuando te vea te voy a pegar un beso en tós los morros que vas a flipar! xoxo”

-¡La madre que te parió! –Exclamo, enfadada y ojiplática –. ¡No se te ocurra darle a enviar, no voy a mandar eso! ¿Y por qué pones tantas “a” en hola?
-Para que vea que te mola cantidad.
-Cynthia, dices tú de Stacie, pero creo que eres tú la que estás enferma.
-¡Me ofendes! ¡Sólo trato de ayudar a una amiga! –hace un gesto de falso dolor, y me hace reír. –No lo enviaré, pero reconoce que es lo que piensas de verdad.
-Pues no… no tan… así.
-¿Tan así? ¿Dónde aprendiste a hablar?
-¡Me refiero a que tú eres demasiado directa!
-Bueno, pues tú también deberías.
-No puedo, esas cosas me cuestan bastante. Y además…
-¿Además, qué?
-Que no quiero que se entere de que me gusta, porque a ella claramente le gusta ese gilipollas –me tenso y aprieto los puños.
-¡Wow, para el carro! ¿Y qué si está saliendo con él? Puede que se arrepienta y salga con otra persona.
-¿Con otro imbécil del equipo de fútbol?
-¡No, tonta, contigo!
-¡Anda ya! –miro hacia abajo.
-Mira, si algo sé es identificar a la gente que entiende. Y Chloe te digo yo que algo de interés sí que tiene en ti. ¿No me escuchaste cuando dije aquellas cosas estando en la ducha? ¡Iba en serio!
-Pues creo que por una vez te equivocas.
-Piensa lo que quieras. Me tengo que ir, tú mándale ese mensaje para que todo esté como antes, y lo demás ya se verá –guiña un ojo y se va, cerrando la puerta tras de sí.

Me encuentro más animada tras haber hablado con ella, es como si la carga que llevo encima pesara menos. Al menos ella me comprende. Bueno, vamos a mandar el mensaje de una vez –digo para mí misma.

Borrador 1

“Hola. Soy Beca. Perdóname por lo de antes”

¡Qué soso! A ver si se me ocurre algo mejor…

Borrador 2

“Holaaaa! Soy Beca y estoy deseando verte para que podamos hablar y hacer las paces, te echo de menos”

¡No, demasiadas “a”! Parece que estoy desesperada. ¡Y demasiado ñoño!

“Holaa! Soy Beca, quiero que sepas que lo de antes fue un error, no quise decir esas cosas, fui demasiado desagradable contigo y no te lo mereces. Espero que podamos arreglar esto y volvamos a ser amigas. xoxo”

Así mejor. Mando el mensaje y espero nerviosa a que se ilumine la pantalla con su respuesta. Pasa un minuto y nada. ¡Seguro que está enfadada todavía! ¡No tenía que haberle mencionado al tío ése con el que sale ni decirle que no le vea! ¡Ahora se pensará que soy una estúpida y que ojalá no me hubiese hablado nunca! Y seguro que se arrepiente de haberse dirigido a mí el primer día en el campus, y así no estaría en el grupo. Seguro que piensa que si no estuviese en el grupo todo iría mejor, que como no sé bailar no merece la pena tenerme en el equipo. Y sobre todo, pensará: ¡Qué mensaje más tonto! ¡Espero que esta friki de los mixes y el friki cinéfilo se pierdan por ahí y así no distraen más a Las Bellas!

-¡Biip, biip! –suena mi móvil. Lo cojo, nerviosa, y veo que es Chloe. Espero que no sea demasiado malo lo que me tenga que decir.

“Sé que no lo decías en serio, que estabas molesta por haberte dicho que no puedes salir con él, y por eso me dijiste que no saliese yo con mi chico. Bueno, haremos una cosa, sal con él, y que esto quede entre tú y yo, nadie más lo sabrá, ¿vale? ;)”

¡¿Qué?! ¿Pero es que esta chica no se empana de nada o qué? Cojo mi móvil y la pongo otro mensaje como respuesta:

“¡Chloe, no se trata de Jesse y yo! ¡Él no me gusta, sólo me cae bien! Sólo quiero que nosotras estemos bien, sin pelearnos ni nada. Él no importa y no sé por qué le metes en esto, si está claro que estoy hablando de nosotras. ¿Podemos vernos un rato?”

¡Uy! ¿No me habré delatado con lo de “hablando de nosotras”? No, no creo que lo capte.

“Ah. Vale, pues sí, si te parece puedo ir a verte ahora, Aubrey está preparando un trabajo y se está volviendo loca, y me está volviendo loca a mí también. Ahora mismo voy para allá”

¡Oh, Dios mío! ¡Va a venir aquí, a esta habitación! Tan pequeña, y sólo nosotras dos… ¿dónde está Kimmy-Jin cuando se la necesita? Estoy de los nervios, me va a dar algo, no puedo creer que venga aquí en serio. Pensé que iríamos afuera, a un espacio abierto. Si estoy nerviosa y estoy en un espacio cerrado me agobio. Bueno, tranquila, no pasa nada. ¡Sí que pasa, arréglate un poco antes de que venga! ¡Venga esa melena, a peinar, a peinar, Beca!
Me levanto de golpe, estiro el edredón de mi cama y recojo alguna sudadera que tengo desparramada para que vea que soy ordenada. ¿Ordenada? ¡Eres un desastre! ¡Estúpida voz interior, no sé si tengo un Pepito Grillo dentro o me estoy volviendo loca!
Me pongo frente a un espejo de cuerpo entero que tengo y me acicalo. Estoy bastante decente, o eso creo. Miro por la ventana, veo a gente yendo de un lado para otro, charlando alegremente. ¡Ay Dios! ¡Va a estar aquí en nada! Noto a mi corazón latir como un poseso y me decido a sentarme y ponerme a escuchar mi iPod en un volumen no muy alto para oírla cuando llame a la puerta.

-Toc, toc. Soy yo, Beca.
-Voy –respondo, quitándome los auriculares y viendo en el espejo que se me ha ido un mechón al lado contrario de la cabeza–. ¡Mierda, peine, peine, peineee! –Veo el peine en mi cama y me peino de forma que esté mi cabello en su sitio, con una cinta en medio–. ¡Hola, Chloe! –Digo al abrir la puerta–. Pasa.
-Me alegra que me enviaras el mensaje. Pensé que estarías tan enfadada que ni si quiera volvería a verte en los ensayos. Hubiese sido una lástima.
-Tampoco habría pasado nada si yo no estuviese en el grupo.
-¿Bromeas? ¡Todo lo contrario! No puedo creer que pienses eso.

Nos sentamos en la cama y después de unos segundos, dice:

-¿Entonces Jesse y tú no…?
-¡Chloe, por amor de Dios! ¡Jamás de los jamases voy a salir con ese chico! Te lo repito por enésima vez.
-Vale –exhala aire. Parece aliviada.
-Ya no va a haber más problemas con lo de esa regla, podéis estar tranquilas.
-Pues sí, mucho.
-Tampoco era algo muy grave, pero bueno, que lo entiendo.
-Entonces… ¿estamos bien?
-Sí –asiento. Y aunque ya te lo dije en el mensaje, de verdad que no sé qué me pasó, estaba como poseída por…
-¿Por el ritmo ragatanga? –dice Chloe, con una sonrisa y los ojos abiertos como una loca.
-¿Cómo? ¿Qué es eso? ¡No me digas que es una de esas canciones antiguas que tenemos que cantar!
-¡Ja, ja, ja! ¡No, boba! Es de una canción, se llama Aserejé, es de Las Ketchup, fue un gran éxito hace unos veranos, es que estuve en España de vacaciones con mi familia y nos las ponían en los chiringuitos.
-¡Ah, como la Macarena!
-Sí, pero menos cutre, era divertido, no tenía ningún sentido la letra, pero oye… ¿qué tiene sentido en esta vida?
-¿Y cómo has dicho que era?
-Dice “poseído por el ritmo ragatanga”.
-¿Rakatanga?
-¡Ragatanga!
-¡Rajatanga!

Nos empezamos a descojonar de risa y dejamos el tema.

-Bueno, pues eso, que es como si no fuese yo misma, nunca me había puesto así. No desde que iba al instituto, al menos.
-No pasa nada, yo también me puse demasiado dramática.
-Pues sí.
-¡Oye!
-Es la verdad –me encogí de hombros.
-Bueno, sí, la verdad es que me puse un poquito furiosa –hizo un gesto con los dedos.
-¿Sólo un poquito? Bueno, da igual. No volvamos a pelearnos nunca más, ¿vale?
-Nunca más. Aca-abrazo de reconciliación –dice, y me abraza muy fuerte.

Aún estoy que no me lo creo, es como si ocurriese a cámara lenta. ¡Es un simple abrazo, Beca, no seas tonta! Después, nos separamos.

-Bueno, tengo que irme, aún me falta hacer un análisis de texto de literatura.
-¿Ah, estudias Literatura?
-Sí, quiero convertirme en catedrática de universidad en Literatura.
-¡Ya querría yo una profesora como tú en mi carrera! -¡Beca, que la lías parda! Chloe me mira desconcertada, así que añado rápidamente -¡Una profe simpática y eso, como tú! Que en mi carrera nos dan clase una pandilla de amargados –me río nerviosamente y me paso una mano por la nuca.
-¡Ah! Ya, bueno –sonríe. ¡Uff, por poco!

Después, se marcha y nos despedimos, y me da un abrazo.

-Nos vemos mañana, Beca –sonríe y se da la vuelta, mientras su pelo a lo L’Oreal le bota sobre los hombros y me quedo embobada mirándola. ¿Es un halo de luz lo que la ilumina? Parece un ángel… Beca, es la luz del final del pasillo, que da hacia ella. Se te va la olla. Mi conciencia tiene razón, cada vez estoy peor.


Y hasta aquí puedo leer. Nos vemos en el siguiente post. ¡Bye! ^^

24 abr. 2013

Mi fan fic de "Dando la nota". Parte 4



 Continúo con el fic un día más :P

Después, las tres nos vamos a por nuestras botellas, ¡hacía siglos que no me entraba tanta sed! Es que ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que hice ejercicio, para qué nos vamos a engañar. Después, me voy al baño a refrescarme, con mi bolsa de deporte.

Me echo agua en la cara y me miro al espejo. ¡Vaya pelos! Me seco la cara y cojo el peine de mi bolsa. Me echo atrás la larga cabellera y después de pasarme el cepillo varias veces vuelve a quedar bastante decente. Dejo el peine en la bolsa, y al volver a mirar al espejo, hay una persona detrás de mí que al verla reflejada de repente me da un susto de los grandes.



-¡Dios! –me llevo la mano al corazón –. Chloe, esto no tiene gracia. Ya van tres veces.

-Ja, ja. Razón de más para que no estés tan desprevenida cuando se trata de mí apareciendo. ¿Estás bien?

-Sí… bueno, a medias.

-A ver… -pone su mano sobre mi corazón para ver si es tan fuerte el susto que me ha dado. Y cómo no, me vuelvo a poner roja. ¿Esta chica no se da cuenta de que tiene que haber unos límites?

-¡Hala! Pues sí que te he asustado. Pero lo tuyo no es normal, te late demasiado rápido.

-Si supieras por qué… pienso mientras la miro.

-No estás acostumbrada a hacer deporte y enseguida te atrofias. Menos mal que con las coreografías te vas a poner en forma.

-Seguro que sí –respondo, sin poder apartar mis ojos de los suyos. Me doy cuenta de que van por lo menos tres segundos que estoy así y me aclaro la garganta–. Emm… bueno, y ¿crees que nos va a hacer correr tanto como antes después del descanso? –digo, intentando disimular mi repentino ensimismamiento.

-Ah, pues no lo creo. Aunque con Aubrey nunca se sabe. Es tan impredecible y tan inflexible…

-Pues yo ahora mismo me siento como Amy. No puedo más.

-¡No seas quejica! –se lava la cara y se seca.

-No lo soy, pero…

-¡Hola, chicas! –entra Stacie.



Me fijo en la cara de Chloe, porque tengo la impresión de que la cae fatal por algo que aún desconozco.



-Aubrey ha dicho que se ha acabado la sesión de gimnasia por hoy, que nos duchemos y luego vayamos a empezar a ensayar.

-¡Genial! –Exclamo, loca de contenta–.  Nos hemos librado.

-Sí. Bueno, yo voy entrando ya –dice, cogiendo su bolsa de deporte y yendo hacia las duchas.

-No te acostumbres, hoy nos ha dejado terminar antes porque es el primer día, pero el resto de los días, prepárate –dice Chloe.

-¡Qué se le va a hacer! Bueno, me conformo con que hoy nos haya… -empiezo a decir, cuando veo que Stacie se está quitando todo antes de entrar a la ducha, en vez de hacerlo dentro, o detrás de las paredes que están delante de las duchas, con una especie de baldas donde se ponen las cosas.

-¿Qué te pas…? –Pregunta Chloe–. Al ver lo que ocurre, se queda boquiabierta y con cara de mala leche al mismo tiempo, como si no pudiese creer lo que veía–. ¡Oye, Stacie, eso lo haces en un lugar menos visible, que esto es un espacio común!
-¿Perdona? Estoy en los baños de chicas, no creo que pase nada, ni que estuviese en medio del hall de la facultad. Eres tú muy finolis, ¿no? –arquea una ceja, desafiante.

-¡Pues sí que importa! –no sé por qué, pero de repente me mira a mí, como si yo tuviese la culpa de algo.

-Pues vale –dice, y entra finalmente en la ducha.

-¡Hum! –frunce el ceño y se cruza de brazos. Me divierte verla así, normalmente parece estar siempre alegre.

-¿Pero por qué te enfadas tanto? Igual piensa como tú, ya sabes, lo de que no se avergüenza de su cuerpo y tal que me dijiste el otro día.

-¡No es lo mismo! ¡Ella no es como yo! ¿Vale? –se pone dramática.

-Cálmate. Si ya ha entrado, no pasa nada. Al menos no estaba Bumper ni ningún otro por aquí, eso habría sido peor.

-¿Te crees que me importa algo que ellos la hubiesen visto? Peor para ella, tenía que haber pasado eso, ¡por golfa!

-Ja, ja, nunca te había imaginado enfadada. Pero entonces, ¿por qué te importa tanto?

-Porque me incomoda. Punto –algo en su tono hace ver que no es esa la razón.

-Bueno, pues lo que hay que hacer es no entrar cuando esté ella duchándose y nos ahorramos el espectá-culo –hago una separación de sílabas para hacer un chiste fácil e intentar que Chloe no esté tan enfadada.

-¿En serio? ¿Crees que es buen momento para chistes malos? –dice, aunque menos molesta. Me mira un segundo, y observo que las comisuras de sus labios empiezan a curvarse.

-¡Te estás riendo!
-¡No es verdad!

-Sí que lo es –la doy con los índices en las costillas.

-¡Ja, ja, para! Vale, ha estado gracioso, pero no tanto.

-Se acepta.

-Eres muy graciosa, ¿lo sabías? –dice, sonriendo.

-¿Yo? ¡Qué va!

-Sí –afirma, y me coloca un largo mechón detrás de la oreja.

-¿Interrumpo algo? –dice Cynthia-Rose al entrar, también bolsa en mano.

-¡No! –exclamo rápidamente, con un tono algo nervioso. Chloe me mira extrañada.

-¡Fooorty boys in forty niiiights! –resuena en el baño, proveniente de la ducha de Stacie.

-Un cántico de salida total en toda regla, sí señor. En serio, ésta necesita rehabilitación urgentemente  –dice, y nos reímos.

-My honey in Stuttgart doesn't care, that I collect their underwear… -sigue entonando esa canción de The Donnas.

-¿Que colecciona ropa interior? Ya podría coleccionar la mía, no sé si me seguís –sigue diciendo, ante nuestra atónita mirada.

-¿Lo dices en serio? –pregunto.

-¡Y tan en serio! ¿En qué ducha habéis dicho que está?

-¡Cynthia! –exclama Chloe.

-Era broma, yo respeto el espacio vital. El espacio vital de menos de 30 cm… -esto último lo dice en bajo–. Me voy a duchar. Tranquilas, que no soy una acosadora, dejad de mirarme así. Qué poco humor tenéis.



Una vez que se marcha, Chloe se acerca a mí y dice:



-Pues no sé qué la ve, la verdad. Tampoco es tan guapa.

-Hombre, pues… -me callo al ver que está empezando a mosquearse de nuevo.

-¿A ti te lo parece también, verdad? –dice, con un tono de enfado.

-No está mal…

-¡Oh, de verdad, no puedo creerlo!

-…pero las hay más guapas, es verdad –termino, temiendo ser golpeada o algo, porque se está poniendo echa una furia de nuevo.

-¿Cómo quién? ¿Quién puede ser más guapa que doña calienta p…? –sigue diciendo, pero la interrumpo.

-Pues tú –me sale sólo, sin pensar.



Se calla de repente, con la palabra en la boca, sin esperar que dijese eso.



-¿De verdad piensas eso?

-Pues claro. Hay que estar ciego para no darse cuenta.

-Gracias –sonríe. Se le va todo el enfado en un segundo. Esta chica debe ser bipolar o algo.

-Yo lo que no entiendo es… por qué la tienes envidia.

-¿Envidia? ¿De dónde te has sacado eso?

-No, pues… es que me he dado cuenta de que no te cae muy bien, y como estás ahora criticando que a Cynthia-Rose le parezca guapa y tal…

-¡No es verdad! Yo… no es verdad –por un momento parece ponerse roja.

-Vale, pues me lo había parecido. Cosas mías –añado, para que no se sienta incómoda.

-Pero es verdad que la gente parece hipnotizada por ella –dice, sin poder cambiar de tema.

-¡Y con gente se refiere a ti, Beca! –exclama Cynthia-Rose!

-¡¿Estabas escuchando?! –exclama Chloe, alterada.

-Sólo lo último, pero ya desconecto la antena, no os preocupéis.

-¡Qué cotilla! –digo, negando con la cabeza, como sin poder creerlo.

-Pero tiene razón.

-¿Cómo?

-Pues antes, que te has quedado embobada cuando estábamos hablando.

-¿Qué? –me sale un tono agudo de voz.

-No lo niegues, que me he dado cuenta.

-¡Te juro que no! Es que me ha sorprendido, parece que desde que he llegado aquí, a las chicas las da por ponerse en pelotas estando yo delante y las diera igual.

-¡Quién fuera tú! –grita Cynthia-Rose desde la ducha.

-¡Que no espíes! –Exclamo.

-¿De qué hablas? ¡¿Quién más ha hecho eso delante de ti?! –exclama Chloe, malhumorada. Sólo la falta decir “a la próxima que se desnude delante de ti la meto un meco que la reviento”.

-Pues… tú, el otro día –digo, mirando hacia abajo.



Acto seguido, entra Amy con un “¿Qué pasa?” y se va hacia el lavabo.



-¡Pero yo no cuento, era porque quería descubrir quién tenía esa voz tan talentosa! Ni siquiera sabía que eras tú.

-¡Traduzco: quería descubrir otras partes talentosas de ti, Beca! –vuelve a gritar Cynthia-Rose.

-But I’m perfectly good at it, sex in the air I don’t care I love the smell of it –canta ahora Stacie.



Aubrey entra al baño, silenciosamente, sin que ninguna nos demos cuenta, con todo el alboroto que hay dentro del baño.



-¡No digas tonterías, Cynthia! –la replica Chloe.

-¡Anda que no! –sigue Cynthia.

-Like a virgin, touched for the very first time –cambia completamente de canción Stacie.

-¡Joder, Stacie, qué rápido pasas de tirarte a todo lo que se mueve a ser virgen! –suelta Cynthia, refiriéndose al repertorio que estaba cantando.

-Ja, ja –Amy suelta una risa de cerdo.

-¡Basta ya! –grita Aubrey –. ¡Sois unas vulgares y unas escandalosas, que se os oye desde el sitio de ensayo!

-Es como el psiquiátrico al que va mi tía –murmura Lilly en bajito, que acaba de entrar –. También hay locas cantando cosas sin sentido, y personas gritándose las unos a las otros. Era muy divertido.



Nos quedamos flipando con el comentario de Lilly, pues si por algo se caracteriza, es porque cada nuevo comentario que dice es más inquietante que el anterior.



-¡Pero en ese psiquiátrico no hay bolli-cotilleos! –dice Cynthia-Rose desde su ducha.

-¡Esto parece un patio de colegio! ¡Todas a ducharse y a ensayar, vamos! –exclama Aubrey, con su tono de jefaza habitual.



La hacemos caso y nos dirigimos a las duchas. En ese momento salen Stacie y Cynthia-Rose, pues ya llevaban un rato ahí antes que nosotras, y cuando Cynthia pasa por mi lado, me dice:



-Ten cuidado con ésa, no se te vaya a volver a colar otra vez.

-¡Oye, te he oído! –Suelta Chloe–.

-Eso pretendía. Que lo oyerais las dos. Por si a alguna no le habían quedado claras las intenciones de la otra –me mira a mí.

-¿Cómo? –Digo, pues la broma ya está yendo un poco lejos.

-No la hagas caso –dice Chloe rápidamente–. Se aburre y ve cosas donde no las hay.

-A diferencia de otras que hacen lo imposible por ver esas cosas –Cynthia mira a Chloe y enarca una ceja–. ¿Me equivoco?

Miro a Chloe, que se ha quedado sin habla, y pregunto:

-¿Es eso verdad?

-¡No, ni hablar! Ya te dije que si fui a tu ducha fuer para oírte cantar.

-Ese era el plan al principio, pero luego cambió de idea, pero como no captas sus intenciones, no se lanzó más –añadió Cynthia.

-Pero, ¿y a ti quién te ha preguntado? ¡No inventes! –exclama Chloe, roja de rabia.

-Ten cuidado, que no se te va a poder distinguir la cara del pelo –responde Cynthia, y se va.

-¡Hum!

-Ja, ja, estás súper graciosa cuando te enfadas –le digo a Chloe.

-Pues a mí no me parece nada gracioso que vaya diciendo esas cosas.

-¡Cosas que son verdad, tú sabes de lo que hablo! –sigue diciendo Cynthia, saliendo del baño.

-¡Vaya oído que tiene! –digo.



Después de ducharnos, nos vamos a ensayar. Aubrey parece tranquila. Veamos cuánto le dura.


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